
Ya no atendemos solo mascotas
Hoy, cuando abrimos la puerta de la clínica, no entra un perro.
No entra un gato.
Entra la familia de alguien.
Y eso lo cambia todo.
Antes tratábamos animales. Hoy tratamos vínculos.
A veces no nos damos cuenta, pero cuando alguien te entrega a su mascota, te está entregando lo más valioso que tiene.
No quieren que les hables difícil.
Quieren saber si su compañero va a estar bien.
Quieren sentir que estás con ellos, no por encima de ellos.
Y eso se llama comunicar desde el corazón.
No se trata solo de decir qué tiene el paciente.
Se trata de mirar a los ojos, escuchar, respirar con calma y acompañar.
Hay colegas que hacen todo bien, pero no se comunican.
Y por eso el tutor no confía. O se va. O no vuelve.
Y no es porque no seas buen veterinario.
Es porque no hablaste su idioma.
El nuevo idioma de la veterinaria es la empatía.
Es saber decir las cosas con claridad, pero también con cariño.
Es darte cuenta de que la consulta empieza antes del diagnóstico: empieza cuando alguien se siente escuchado.
Yo no nací sabiendo esto.
Lo fui entendiendo con cada historia, con cada familia, con cada mirada que me pedía algo más que medicina.
Y por eso te lo digo hoy:
No esperes el momento perfecto para comunicar mejor.
Hazlo ahora. Con tu voz. Con tu forma. Con tu verdad.
Porque hoy, más que nunca, la gente no busca un veterinario perfecto.
Busca uno que sepa ponerse en su lugar.
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