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El arte de escuchar lo que no se dice

El arte de escuchar lo que no se dice

Ser médico veterinario es un privilegio. Pero también es una de las profesiones más retadoras del mundo.

Porque nuestros pacientes no hablan. No nos dicen qué sienten. No nos cuentan desde cuándo están mal. No señalan con el dedo, no se quejan, no se explican.

Y muchas veces, la historia que recibimos de parte del tutor no es completa. No por maldad, sino porque muchas veces se asume, se minimiza, o simplemente no se ve. Nos dicen: “Siempre ha sido así”... “A veces no come pero luego se le pasa”... “No parecía grave”. Y detrás de esas frases, a veces se esconde un riñón en falla, un tumor silencioso, una infección creciendo por dentro.

¿Te imaginas ser médico de un ser que no puede expresarse con palabras y que muchas veces no muestra síntomas hasta que el daño ya es profundo? Eso somos.

Eso hacemos.

Eso elegimos.

Ser médico veterinario es aprender a leer miradas, posturas, silencios. Es observar con el alma, oler lo que no huele, sentir lo que no se ve. Es conectar profundamente con un paciente que no puede decirte nada, pero te lo está diciendo todo si sabes mirar. Es llevar una lupa interna que escanea, que interpreta, que sospecha... porque muchas veces, lo que salva vidas no está en lo evidente, sino en lo invisible.

Y aún así, con todas esas barreras, salvamos. Diagnosticamos. Tratamos. Lloramos. Celebramos. Y muchas veces, también acompañamos hasta el final.

Esta profesión no es para cualquiera. Es para valientes, sensibles, pacientes. Es para los que pueden cargar con la frustración de no tener todas las respuestas, y aún así seguir buscando.

Y también es para los tutores y familias, que cada vez más entienden que un animal no es un objeto, es un ser sintiente.

A ellos también les pedimos: cuéntennos todo. No minimicen. No oculten. No supongan. Somos un equipo y su sinceridad puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

A mis colegas, gracias por no rendirse.

A las familias, gracias por confiar.

A los animales, gracias por enseñarnos un lenguaje que no se habla, pero que se siente con todo el corazón.

Esto es ser médico veterinario.

Interpretar, cuidar y salvar… incluso cuando nadie dice una palabra.

“No esperes a que te hable, escúchalo con el alma."

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